lunes, 30 de diciembre de 2013


·       CAMBIOS EN LAS PRÁCTICAS DE CRIANZA Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS

Últimamente he estado reflexionando un poco acerca del tema del cambio en el trato y educación de los niños, fruto del retraso en la edad de tener los hijos y la cada vez mayor posibilidad de las mujeres para acceder a trabajos mayormente. Esto ha cambiado el canon general de familia, ahora con pocos o un solo hijo; lo que ha llevado a que las familias formadas por padre y madre que trabajan, que quieren dar la mejor educación a su hijo, se sobrepasen en la cantidad de actividades extraescolares a las que exponen a sus hijos. Ya que, los niños acaban teniendo jornadas intensivas de trabajo y actividades que en lugar de hacerles bien, les agotan y incluso les lleva a sufrir ansiedad como las personas adultas que trabajan.

Ahora bien, ¿dónde radica el problema?.
Se trata de un cóctel integrado por la vida activa, rápida y apretada de los padres, su poder adquisitivo y la falta de tiempo para dedicar a sus hijos; los problemas del actual sistema educativo (cuestionado continuamente), la falta de comunicación entre padres hijos por la falta de tiempo y la importancia de las tecnologías tanto en el niño (Play Station, ordenador, móvil...) como en los padres (móviles, tablets...),etc.

Entonces ¿cuál puede ser la solución a estos problemas?
Mi propuesta es: ya que en otros países europeos se ha probado con éxito que las jornadas laborales intensivas (por ejemplo: una jornada de 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde, parando para comer en el trabajo) mejoran el rendimiento y la calidad del trabajo. Podría aplicarse en España este sistema de trabajo en muchas empresas, de manera que, al mismo tiempo que se mejora el rendimiento de los padres en el trabajo, se les permite disfrutar de mucho más tiempo libre por las tardes que podrán dedicar a ayudar, jugar y disfrutar con sus hijos. Así, también se permitiría la mejorará del problema sobre la falta de comunicación paterno-filial, debido a la falta de tiempo para compartir en familia. Otra consecuencia positiva sería el descenso del gran número de actividades a las que se someten los niños por las tardes, en algunos ocasiones, no por necesidad de apoyo a asignaturas o por los gustos de los niños. Lo que también mejoraría la calidad de vida de los niños.




En conclusión, mediante mi propuesta personal he intentado argumentar como el cambio en las condiciones de trabajo de ambos padres (o al menos de uno de ellos) se podría mejorar la calidad de vida tanto de los padres como de los niños, al mismo tiempo, que se podría incrementar su rendimiento académico (niño) y profesional (padres).

No hay comentarios:

Publicar un comentario