Últimamente he estado
reflexionando un poco acerca del tema del cambio en el trato y educación de los
niños, fruto del retraso en la edad de tener los hijos y la cada vez mayor
posibilidad de las mujeres para acceder a trabajos mayormente. Esto ha cambiado
el canon general de familia, ahora con pocos o un solo hijo; lo que ha llevado
a que las familias formadas por padre y madre que trabajan, que quieren dar la
mejor educación a su hijo, se sobrepasen en la cantidad de actividades
extraescolares a las que exponen a sus hijos. Ya que, los niños acaban teniendo
jornadas intensivas de trabajo y actividades que en lugar de hacerles bien, les
agotan y incluso les lleva a sufrir ansiedad como las personas adultas que
trabajan.
Ahora
bien, ¿dónde radica el problema?.
Se trata
de un cóctel integrado por la vida activa, rápida y apretada de los padres, su
poder adquisitivo y la falta de tiempo para dedicar a sus hijos; los problemas
del actual sistema educativo (cuestionado continuamente), la falta de
comunicación entre padres hijos por la falta de tiempo y la importancia de las
tecnologías tanto en el niño (Play Station, ordenador, móvil...) como en los
padres (móviles, tablets...),etc.
Entonces ¿cuál puede ser la solución a estos problemas?
Mi
propuesta es: ya que en otros países europeos se ha probado con éxito que las
jornadas laborales intensivas (por ejemplo: una jornada de 8 de la mañana hasta
las 4 de la tarde, parando para comer en el trabajo) mejoran el rendimiento y
la calidad del trabajo. Podría aplicarse en España este sistema de trabajo en
muchas empresas, de manera que, al mismo tiempo que se mejora el rendimiento de
los padres en el trabajo, se les permite disfrutar de mucho más tiempo libre
por las tardes que podrán dedicar a ayudar, jugar y disfrutar con sus hijos.
Así, también se permitiría la mejorará del problema sobre la falta de
comunicación paterno-filial, debido a la falta de tiempo para compartir en
familia. Otra consecuencia positiva sería el descenso del gran número de
actividades a las que se someten los niños por las tardes, en algunos
ocasiones, no por necesidad de apoyo a asignaturas o por los gustos de los
niños. Lo que también mejoraría la calidad de vida de los niños.
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En conclusión, mediante mi propuesta personal he intentado argumentar como el cambio en las condiciones de trabajo de ambos padres (o al menos de uno de ellos) se podría mejorar la calidad de vida tanto de los padres como de los niños, al mismo tiempo, que se podría incrementar su rendimiento académico
(niño) y profesional (padres).



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